domingo, 13 de mayo de 2012

El mundo al revés 3



Cuatro: Es mejor amigos que plata, aunque los amigos sean un peso en el bolsillo, o de cómo a Hades le montaron la perseguidora y resultó siendo verdad la frase de Cochise que más fácil se muere la gente de envidia que de cáncer 

Con la plata manando de la tierra a borbotones, no tardaron en llegarle a Hades la extravagancia y los gustos extrafalarios que cultivan los potentados para lidiar con el aburrimiento y el tedio de la opulencia. Cuando se levantaba con la malparidez encendida, y no se hallaba, buscaba cualquier medio para llamar la atención de los inquilinos del piso de arriba; exigía a los griegos que le apaciguaran esa ansiedad insoportable y fastidiosa, golpeando sus manos contra el suelo para asegurarse de que pudiera oírles. Animales negros, como ovejas, le eran sacrificados, y mostraba la misma vehemencia del rechazo a los sacrificios humanos cuando se cansaba de recibir modelo huecas que muy buenas y todo, pero que lo hartaban hasta el hostigamiento. La sangre de todos los sacrificios, incluyendo los dedicados a Hades, goteaba a un pozo o grieta en el suelo. La persona que ofrecía los sacrificios tenía que apartar su cara, ya que Hades nunca se pudo desprender de su complejo de que era más bien feíto, porque ningún tratamiento le pudo borrar la indeleble la marca de acné juvenil que surcaba su rostro como carretera destapada.
Además de su célebre casco para hacerse invisible, el museo que se erigió en su honor, exhibe su oscuro trono de ébano y comino crespo que ya no se consigue. Cuenta además con su carro oscuro, tirado por cuatro caballos negros como el carbón, embalsamados, el cual resulta para el visitante una experiencia impresionante y pavorosa. Sus otros atributos ordinarios eran el narciso y el ciprés. La Llave del Hades (conocida también como las llaves de la ciudad, que muchos alcaldes popularizaron en sus diferentes ciudades a entregarla a los visitantes ilustres como rito diplomático y ofrenda al señor de los avernos) y su adorada mascota Cancerbero, el perro de múltiples cabezas, también embalsamado por culpa de Hércules, a quien le cursa una orden de extradición en el Olimpo por violencia contra animales.
Pero no todo fue lecho de rosas para Hades. Víctima de la mala fama que lo precedía, dueño de una incalculable e inagotable riqueza subterránea, y presa de la envidia de sus hermanos los Olímpicos, Hades también fue objeto permanente de varias amenazas y atentados en su contra integridad, que se suponen provenían de los envidiosos Zeus y Poseidón, quienes no contentos con haber obtenido el cielo y el mar por las trampas del azar, quisieron sacarlo del camino y hacerse a su fortuna, bienes y a la barata mano de obra fenecida que regentaba bajo tierra.
Para salvaguardar su integridad, pronto Hades debió someterse al programa de protección al testigo. Tras recibir una cuantiosa suma por parte del excéntrico millonario de las profundidades, el filósofo Heráclito declaró que Hades y Dionisio, eran la misma esencia de la vida indestructible (zoë), eran el mismo dios, para despistar a los enemigos. Entre otras evidencias, otro falso testigo: Kerényi señala que la afligida diosa Deméter rehusaba beber vino, que es el don de Dionisio, tras el rapto de Perséfone, debido a esta asociación, y sugiere que Hades puede de hecho haber sido un «seudónimo» para el Dionisio del inframundo. La verdad es que siendo Dionisio o Hades, le fue muy difícil a sus enemigos dar con su paradero, ya que todo aquel que osara entrar en el inframundo no podía salir ni con rosca ni recomendación y eso lo mantuvo a salvo. Y sin embargo, siempre el inocente es el que chupa. Por esta suplantación de identidad, a menudo encontraron a Dionisio apuñaleado, tirado a la salida de una cantina. Pero renacía de sus guayabos y al día siguiente, después de trancarse un caldito de pollo con menudencias, quedaba listo para un nuevo embate etílico, y ahí de nuevo aprovechaban para incitarlo a grescas, en las que terminaba apuñaleado de nuevo y así se la pasaba el pobre borracho ese que no ha sentado cabeza ni la sentará porque sus amigotes bebedores no paran de alcahuetearle trago todos los santos días.     

Continurá para el final...

domingo, 6 de mayo de 2012

El Mundo al revés 2


Tres: No hay mal que por bien no venga, o de cómo Hades aprendió a hacer limonada y terminó cochinamente rico, tapado de melones,  impuso moda y marcó tendencias

Así que la única que le paró bolas a Hades y fue su consorte definitiva y reina, resultó siendo Perséfone. Resentido por el fraude de sus hermanos perpetrado contra su buena fe, y puyado por su esposa que no paró de echarle cantaleta “...de que ellos no iban a ser los de menos, ni se podían quedar con los brazos cruzados cuando eran de tan prestigiosa familia”, Hades no le quedó de otra y hacer su reino de las migajas que le dejaron. 
Se agarró entonces  a vender parcelaciones a cuanto pecador fallecido caía allí. A todo el que llegaba les propuso un negocio redondo, les pintó pajaritos en el aire, prometiéndoles la mejor ubicación en tierra caliente, con vista al mar de lava de las profundidades. Una oferta irrenunciable, todo un papayazo. Les hizo llenar un contrato con sangre y letra menudita donde no se podían ver las cláusulas comprometedoras y luego, cuando se presentaban reclamos, con contrato en mano, les aclaraba que el arreglo pactado declaraba expresamente que no admitía devoluciones y que tal contrato sometía al comprador a pagar la hipoteca por toda la eternidad sin derecho a permutar las condiciones del negocio, ni vender, cambiar o salir de la propiedad en cuestión.
Gracias a esas artimañas de leguleyo Hades reinaba sobre los muertos, sobre los que tenía completa autoridad como amo sobre esclavo. Prohibió estrictamente a sus súbditos abandonar sus dominios y se enfurecía bastante cuando alguien lo intentaba, o si alguien trataba de robar almas de su reino. Era igualmente terrible para quien intentaba engañar a la muerte o cruzarla, como Sísifo y Pirítoo, descubrieron para su desgracia; a los que obligaron a realizar inútiles trabajos forzados todos los santos días de su vida en el inframundo sin derecho a vacaciones ni horas extras, como buen trabajador free lance.
Aparte de Heracles o Hércules según la versión de Disney, las únicas personas vivas que se aventuraron en el Inframundo y salieron con vida fueron todas héroes: Odiseo, Eneas (acompañado por la Sibila), Orfeo, Teseo y, en un romance posterior, Psique. Ninguno de ellos estuvo especialmente satisfecho con lo que presenciaron en el reino de los muertos, ya que como héroes eran bastante pinchaditos y exigentes. En particular, el héroe griego Aquiles, a quien Odiseo conjuró con una libación de sangre, dijo: «No me hables con dulzura de la muerte, glorioso Odiseo. Preferiría servir como mercenario a otro antes que al señor de los muertos, que lo atosiga a uno obligándole a tomar con jugo de tomate de árbol todo el santo día, y se resiente si uno se lo desprecia.» Por esta razón, muy pocos mortales pudieron abandonar este reino una vez habían entrado, salvo contadas excepciones.
Dice el adagio popular: “Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”. Y siguiendo esta sabia recomendación de la sabiduría popular, Hades no dudó en aprovechar lo que le había caído en desgracia. Como a duras penas en Grecia pelechaba el laurel, el olivo, las alcaparras y las aceitunas, ni modo de hacer jugo de aceitunas y se propuso mejor a hacer mejoras locativas en el subsuelo. Pagando obreros a precio de inmigrantes muertos, construyó todo un imponente centro comercial en varios niveles, con parqueaderos cubiertos.
En aquel complejo subterráneo, creó secciones como el Elíseo, los Campos de Asfódelos y el Tártaro, y una zona de lujo, con spa, llamada el Jardín de las Hespérides, con frecuencia identificado con las Islas de la Bendición, donde podían morar los héroes bendecidos. Para que la gente no se perdiera, a cada pabellón, la decoró con un color y una iconografía especial, relacionada con los productos típicos de la región: la zona lava anaranjada, la zona verde olivo, la zona aceituna negra y así sucesivamente. Eso le dio estatus, buen nombre (good will) y un gran poder de recordación entre los muertos condenados a morar y errar allí per secula seculorum. Tal fue el éxito de mercadeo, que en un diagnóstico de mercados El Hades fue distinguido con el premio de la excelencia al mejor resort, por encima del Monte Olimpo, reserva ecoturística de un consorcio de Dioses de alto turmequé; y más caché que el propio Peñasco del Risco, el gran orgullo de Poseidón encallado en los mares del Meditarráneo y los mega spa: El Cielo y Bosques de Zeus, de propiedad de un sujeto archimillonario que omitimos mencionar por razones de seguridad de Zeus, en estos tiempos aciagos, donde el que consigue le montan la perseguidora y lo secuestran.
Con la efervescencia de la fama obtenida por su mega mall, Hades, ya convertido en todo un próspero negociante, que literalmente se hizo a sí mismo y ascendió en prestigio desde el subsuelo, acondicionó toda una serie de atracciones inolvidables para el disfrute de muertos de todas las edades y condiciones sociales. Haciendo realidad una verdadera utopía capitalista “al alcance de todos”. Localizó la entrada al Inframundo en el Averno, un cráter cercano a Cumas, fue la ruta usada por el popular Eneas, de quien nadie sabe porqué fue a caer tan bajo,  para descender al reino de los muertos. Y habilitó una segunda entrada para los Helenos fallecidos cruzando el río Aqueronte, porteados por Caronte, quien cobraba por el pasaje un óbolo, pequeña moneda que ponían en la boca del difunto sus piadosos familiares. Los pobres y quienes no tenían amigos ni familia se reunían durante cien años en la orilla cercana como muestra de la eficiencia de aquel modelo neoliberal.
Los griegos ofrecían libaciones propiciatorias para evitar que los difuntos volviesen al mundo superior a «perseguir» a quienes se les habían embolsillado la plata y no les habían dado un funeral adecuado. Desde entonces, se popularizó la costumbre de derramar el primer chorrito de licor en honor a las ánimas, de la jalada de patas por la noche en fincas para aquellos deudores morosos que se embolsillaron plata ajena y se hicieron los locos, a desmandarse a parrandearse a sus anchas la herencia de los muertos… Y de allí también la célebre frase, toda una cultura: “El muerto al hoyo y el vivo al baile”
Como medida de seguridad, para que la chusma no se colara, al otro lado del río Hades puso por custodio a su mascota predilecta, haciendo alarde de clientelismo y rosca rampante: Cancerbero, el perro de pura raza y tres cabezas derrotado por Heracles (Hércules para los romanos), y que causó un rechazo expreso en manifestaciones y mítines de los ambientalistas desde los testarudos voluntarios de Green Peace, todos los miembros de las ONG hasta Al Gore, que moran allí). Más allá de Cancerbero, las sombras de los difuntos entraban en la tierra de los muertos para ser juzgadas.
Mal se ha enseñado en las escuelas la geografía de este vasto territorio. Contrario a lo que se rumora, el Reino Hades, antes del calentamiento global, estaba bañada por cinco grandes afluentes y su significado simbólico eran el Aqueronte (el río de la pena o la congoja), el Cocito (lamentaciones), el Flegetonte (fuego), Lete (olvido) y Estigia (odio), el río sobre el que incluso los dioses juraban y en el que Aquiles fue sumergido para hacerlo invencible. El Estigia formaba la frontera entre los mundos superior e inferior. Una práctica común en todos estos ríos, era el popular paseo de olla, donde los condenados solazaban sus penas al calor de una reunión con trago de trapicherías y destilerías caseros, y sancochos trifásicos los fines de semana con puente. Costumbre que se viene perdiendo con el tiempo, a causa de las sucesivas épocas invernales que tantos estragos causan también en la población muerta, y de la contaminación indiscriminada de los afluentes naturales.  
Como quien llega a Disneylandia, la primera región del Hades comprendía los Campos de Asfódelos, descritos en la Odisea, donde las almas de los héroes vagaban abatidas entre espíritus menores, que gorjeaban a su alrededor como murciélagos (como muestra de que crea fama y échate a dormir, y de que el famoso ya está condenado a no dormir precisamente por el asedio de sus admiradores). Solo libaciones de sangre ofrecidas a ellos en el mundo de los vivos podían despertarlos durante un tiempo a las sensaciones de humanidad, y de allí también, que se haya propagado ese reprochable rictus de sectas satánicas y proliferado el sacrificio de marrano, carnero, gato negro y doncella virgen en las festividades de navidad, pascua, halloween, y día de la secretaría, respectivamente, en diversos sitios del orbe.
Pero sigamos con este ilustrativo recorrido por el Hades. Más allá quedaba el Érebo, que podía tomarse como un eufemismo para el Hades, cuyo nombre era temido. Había en él dos lagos: el de Lete, (también llamado el lago del enlagunado o del Guayabo Negro) a donde las almas comunes acudían para borrar todos sus recuerdos, y el de Mnemósine (‘memoria’), de donde los iniciados en los Misterios preferían beber, debido a su embriagante sabor anizado, sobretodo luego de despertar de una noche de pasión con una mujer o un hombre conocidos el día anterior, en medio de una descomunal parranda.
En el antepatio del palacio de Hades y Perséfone se sentaban los tres jueces del Inframundo: Minos, Radamantis y Éaco, (una parranda de amigote de Hades, que le aterraban a Perséfone, a los que ella detstaba y que sin embargo eran célebres por ser jurados de realitys. Allí, en el trivio consagrado a Hécate, donde los tres caminos se encontraban las almas eran juzgadas. Luego de sopesar los talentos y obras en vida de los fallecidos, se devolvían a los Campos de Asfódelos si eran virtuosas. Otras almas eran enviadas al camino del tenebroso Tártaro si eran impías o malas. Este lugar solía mantenerse atiborrado durante todo el año, como las Playas del Rodadero en temporada Alta. Allí los vacacionistas y  veraneantes  eran atormentados y torturados con costeñas y costeños de todos los calibres que ofrecían insistentemente hacer chaquiras, masaje de aceite de coco, comer panderitos, panelitas y coco acaramelado seco en medio tremendo calor o comer sólo pescado, boca chico y chipi chipi con suero y salsa tártara, la especialidad de la casa, sin otra opción en el menú. Así mismo, al Elíseo (Islas de los Bienaventurados) se enviaba a los héroes «intachables», el cual, como es de suponer estaba siempre en temporada baja, con cupos disponibles y vacío que daba miedo.
En los Oráculos sibilinos, un curioso batiburrillo de elementos grecorromanos y judeocristianos, vuelve a aparecer el Hades como morada de los muertos, y por etimología popular, incluso procede el nombre de Adán (el primer hombre), afirmándose que fue el primero en entrar en él, por el crimen de hurto calificado en propiedad privada, al robar una manzana del árbol prohibido, y delatado por una tal serpiente. Aún se busca, con orden captura en su contra, a su cómplice: una mujer desnuda, a la que se le imputan los cargos de comportamiento inmoral en público, concierto para delinquir y robo de costilla, y que responde al alias de Eva.  
Con lo que no contaban los otros dos hermanos aventajados, Zeus y Poseidón, al defraudar a Hades era que los minerales preciosos también venían de las profundidades de la tierra (es decir, del «inframundo»). Y entonces fue cuando Hades se volvió archimillonario con estos yacimientos, con más poder que Víctor Carranza, el esmeraldero y que la Gold Company juntos. Tal cantidad de billete lo lanzaron al estrellato y su imagen se eternizó en la portada de la revista Forbes Undergroud, como uno de los muertos más ricos de la humanidad y de los Dioses. De allí, de riqueza, procede su segundo nombre romano el que se adhirió en notaría pública, bajo el naciente derecho romano, como Hades de Plutón de apellido Sinistierra. Tal fue su prestigio, que no tardaron poetas y grandes intelectuales a rodearlo como moscas, con loas interesadas para ganarse su favor y su amistad de nuevo magnate, por ejemplo, Sófocles explicaba el hábito de referirse a Hades como ‘el rico’ con estas palabras: «el sombrío Hades se enriquece con nuestros suspiros y lágrimas». Además, se le llamaba también de cariño por el vulgo: Clímeno (Κλυμενος, ‘célebre’), Polidegmon (Ρολυδεγμων, ‘que recibe a muchos’) y quizá Eubuleo (Ευβουλεος, ‘buen consejero’ o ‘bienintencionado’), todos ellos eufemismos que evolucionaron a epítetos.
No obstante, aunque Hades era todo un olímpico, su timidez lo hacía un personaje más bien retraído y casa-solas. Pasaba la mayor parte del tiempo confinado en su oscuro reino, escuchando new wave de los ochenta. Imponiendo así la moda de los góticos, los vampiros, los emos y demás abominaciones similares que hicieron furor en los adolescentes suicidas y depresivos. Y muchos aún recuerdan sus épocas de skinhead, cuando escuchaba sex pistols y exploited. En sus arranques de resentimiento punketo e ira profunda contra el sistema opresor, fue formidable en la batalla, demostró su ferocidad en la famosa Titanomaquia, la batalla de los olímpicos contra los titanes, que entronizó a Zeus. Temido y odiado, Hades personificaba la inexorable finalidad de la muerte: «¿Por qué odiamos a Hades más que a cualquier dios, si no es por ser tan adamantino e inflexible?», se preguntaba retóricamente Agamenón. No era sin embargo un dios malvado, pues aunque severo, cruel y despiadado, era justo y recalcaba la verdad de la injusticia humana.

Continuará...

martes, 1 de mayo de 2012

El mundo al revés 1


(El lado oculto de Narciso o un atrevimiento de magnitudes mitológicas)

Uno: No hay cuña que más apriete que la del mismo palo, o la ropa limpia se ensucia en casa, o de cómo el mundo se creó a punta de darse en la cabeza desde la familia, todos contra todos

En su Teogonía Hesiodo,-el primer cronista de farándula, que se emberracó a revelar los chismes e intimidades de los dioses de la mitología griega-, cuenta que Urano (Cielo) fue engendrado por Gea (Tierra). Luego éste, al ver que sólo había una vieja por ahí, sin remilgos no dudó en convertirla en su señora. Al Urano poseer a su mamá, estos dos ya estaban más emparentados que primos hermanos, y por eso no es de extrañar que de ellos nacieran divinidades ciertamente heterogéneas, o como dicen hoy en día le salieron contrahechos los muchachos. Estos engendros fueron los primeros Titanes, una raza de seres enormes y deformes para los cánones de belleza y los gustos que impone la moda actual. 
Como si ya no fuera suficiente castigo lidiar con su notoria estampa, a estos Titanes les pusieron de chapas unos nombres extravagantes y llamativos: los Hecatónquiros, imponentes criaturas provistas de cien brazos y cincuenta cabezas, lo que hoy llamaríamos manilargos y cabezones, todo en uno; los Gigantes, criaturas humanoides de tamaño y fuerza prodigiosos, una completas vigas, pero ah brutos los condenados; y los Cíclopes, gigantes también que llegaron tarde a la repartición de ojos y apenas les tocó uno y para colmos en mitad de la frente para disimular; reconocidos además por bruscos, más temperamentales que medio campista de contención en cancha local, pero provistos de finas habilidades para la construcción y las artesanías, como quien dice que aparte de tuertos eran hippies. Y sin embargo, temidos por la amenaza que representaba su fuerza e ingenio, su propio padre Urano los encerró a todos en el Tártaro, la única mazmorra capaz de contenerles sus descomunales rabietas, en lo más profundo del inframundo, donde, sin el auxilio de Bienestar Familiar ni comisarías de familia, no les quedó de otra que ponerse a experimentar con la culinaria, y de allí nació la tan afamada salsa tártara que se le echa a la trucha frita.
Pero no contento con encerrar a su primera camada completica, Urano no se quedó con las ganas y tampoco perdió el impulso. Buscando la parejita, siguió arremetiendo contra la pobre y agotada Gea y encargó otra tanda con su mamá, a ver si esta le salía más pulida. Pero esta vez pensó: “Dios precavido, se ahorra una demanda de alimentos” y aplicó el primer método de planificación familiar del mundo. Siempre paranoico, en especial cuando de sus hijos se trataba, Urano mantuvo a los demás retoños atrapados en el vientre de su madre.
Así que a Gea, harta de soportar las perversiones de aquel aventajado hijo-marido, se le colmó la copa. Gemía del esfuerzo a más no poder; imagínese con el cupo lleno de muchachitos, ya crecidos, con edad de votar, todos en tumulto dentro de la panza, pateando, jugando cargamontón allá adentro y lo más de brusco. Hasta que finalmente le envenenó la cabeza a Crono, su hijo más joven, ladino, y de los poquitos que lograron salir, para que castrara a ese sinvergüenza degenerado de su padre- hermano, y de paso lo derrocara si quería como ñapa.
Fue así como Crono, al que luego llamarían de cariño Tiempo, no se quedó atrás; liberó a sus hermanos del vientre materno, inventándose él también la primera cesárea de la humanidad, y se proclamó rey de los Titanes, con Rea, hermana suya también, a la que tomó siguiendo la tradición familiar y la convirtió en su esposa y reina, para mantener el apellido y que la familia no se perdiera.
Luego Rea engendró una nueva generación de dioses, los llamados los 12 Olímpicos. Así Crono cumplió su sueño de formar un equipito de fútbol de un solo tirón con aquero suplente incluido. Pero más temprano que tarde el mismo Crono, que heredó de su padre la psicosis de que le pagaran con la misma moneda de la castración, prefirió mejor tragárselos enteros uno a uno, como pasante de aguardiente. Sin embargo, Rea conociendo los antecedentes familiares, sacó las uñas y logró esconder a su sexto y último hijo: Zeus, dándole a Crono en su lugar a un potro y una roca envuelta en pañales, que éste tragó confiado. Mientras Rea, que también tenía sus mañas, escondió a Zeus en Creta y lo alejó de ser presa del voraz apetito de Crono. Éste se la pasó en el baño un buen rato a causa de aquel embutido de huelengue, que le cayó pesado. Gracias a Dios, la piedra con el pañal, le hizo el efecto de sal de frutas, y como el que reza y peca empata, pronto se recuperó de su indigestión. Luego se prometió parar la tragadera descomunal de cuanto hijo concebía y empezó a modificar su dieta a base de carnes blancas y carbohidratos. No fue fácil, luchó denodadamente contra sí mismo por aplacar esas hambres tan terribles que lo atacaban en plena madrugada, pero a fuerza de voluntad y sacrificios pronto logró recuperar la línea y educar el cuerpo para comer sólo pequeños bocados engullidos durante todo el día, tal como lo recomendaba la revista por suscripción: “God´s Health” (Dioses Saludables) del último mes.   
Cuando Zeus se hizo adulto, en medio de privaciones y estrecheses, dio rienda suelta al resentimiento que había alimentado contra su padre y la venganza no se hizo esperar. Le dio a Crono en su punto flaco: lo invitó a tomarse unos aguardienticos de padre a hijo, y usando un emético, preparado con la ayuda de su abuela Gea, le obligó a regurgitar a sus hermanos, de ahí que luego le llamaran a Crono de manera satírica El Pájaro. Entonces, ya envalentonado por los tragos, Zeus se puso pendenciero, como lo hacía cada vez que se le iba la mano en copas, y quiso desbaratar hasta el nido de la perra. Liberó a sus medio-hermanos contrahechos del Tártaro. Convocó a los Titanes para armar una barra brava, una gallada bien dura de la reserva. Como si fuera un partido de día de convivencia Zeus puso a hombres y mujeres a jugar por igual, y a los que estaban chupando banca los exhortó a que le dieran en la cabeza a los dioses de la liga mayor, de la profesional. Ahí se armó un tropel de raca-mandaca, un clásico que ni los del Barza-Real Madrid en la Champion League, con todos los juguetes, al que se llamó la guerra de los Titanes…

Dos: Crea fama y échate a dormir, o de cómo Hades se avispó luego de que sus hermanos lo tumbaran, hasta que se robó una sobrina y se encartó 

Para la contienda de los Titanes, los Cíclopes, aunque no tenían mucha perspectiva (por la falta de un de un ojo que le completara el par), si tuvieron gran visión. Forjaron rayos para que Zeus los usase como arma y le ayudaron en la guerra para derrocar a Crono y su combo. Estos rayos fueron forjados por los tres Cíclopes: Arges ponía el brillo, Brontes el trueno, Estéropes el relámpago y Zeus le dio el sabor. Aficionado a los gallos (gadgets), pinchado y visajoso como era Zeus, los rayos y las centellas se convirtieron en su arma predilecta. Esta primera generación de Cíclopes también creó un Tridente que producía terremotos y mareos para Poseidón; el arco de Artemisa que donde ponía el ojo ponía la flecha; y el casco de invisibilidad que Hades le dio a Perseo en su búsqueda para matar a Medusa, que no se le podía mirar a la cara porque uno quedaba quieto en primera, convertido en piedra al contemplar aquel horror de hembra. Pero mucho antes de aquel aguinaldo, la noche previa a la primera batalla, Hades se puso su casco y, siendo invisible, se infiltró en el campamento de los Titanes y destruyó sus armas. La guerra duró como diez años y terminó con la victoria de los dioses jóvenes.
De Hades, se ha dicho que es el mismísimo diablo. Pero más allá de estas exageraciones amarillistas, lo cierto es que es el varón mayorcito de Crono y Rea, y hasta buen perdedor resultó. Hades tenía en realidad un carácter más altruista en la mitología. A menudo se lo retrataba más como pasivo que como malvado: su papel era prácticamente mantener un relativo equilibrio, tanto que se pasaba de bobo. Tras lograr el golpe de estado en la Guerra de los Titanes, Hades y sus dos hermanos menores, Poseidón y Zeus, subieron de estrato de la noche a la mañana como ciertos traquetos, y reclamaron el gobierno del cosmos. También como buenos mafiosos, echaron a suertes los reinos a gobernar. Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con los mares y Hades recibió los restos, el cascajo, la menudencia, es decir el inframundo; el reino invisible al que los muertos van tras dejar el mundo, así como todas las cosas bajo tierra. La tierra sólida, desde mucho antes provincia de Gea, estaba disponible para los tres al mismo tiempo, como herencia de abuela alcahueta.
De tal suerte que a Hades le tocó en la repartición el inframundo, más conocida como la neblinosa y sombría morada de los muertos; donde el Vaticano compró el infierno católico; una parte profunda y oscura del Hades usada como mazmorra de tormento y sufrimiento, allí descarga a los papas muertos para que coordinen la logística de los castigos practicados en la Santa Inquisición, bajo la admon de Don Satanás, como quien dice atendidos por su propietario. Algunos textos apócrifos afirman que Hades terminó recibiendo estas parcelas subterráneas, ya que Zeus le hizo trampa jugando al tute en la repartición y que lo mismo hiciera Poseidón echando los dados a la suerte. Aunque otros afirman que terminó acreedor de esos terrenos baldíos por su mala cabeza, víctima de su ingenuidad, a causa de una estafa que se le perpetró cuando invirtió sus riquezas en una urbanizadora pirata llamada Poseidón. En fin, con estos hermanitos para qué enemigos.
Achilado, como había quedado Hades, sólo le quedó darle a Zeus donde más le doliera, y de puro ocioso raptó a su hija Perséfone “la de blancos brazos” o más conocida como la albina. Sin embargo, Perséfone, independiente desde muy chiquita, solía vivir muy lejos de los demás dioses del Olimpo, siendo una diosa medio campechana, dedicada a la vida contemplativa y frugal, que se la pasaba plantando semillas y cultivando plantas. En la tradición olímpica fue cortejada por un nutrido combo de dioses, pero ella, más bien ensimismada y medio rara, rechazó todos sus regalos y más bien se dedicó a tratarlos de lejitos. Así, llevaba una vida pacífica hasta que se convirtió en la diosa del Inframundo, cuando Hades se la robó. El caso fue este:
Un día Perséfone estaba cogiendo flores inocentemente con algunas Ninfas (Atenea, Artemisa, y algunas Oceánides, en todo caso un aquelarre de viejas tremendo) todas junticas y semidesnudas, saltando de aquí para allá, gráciles y lascivas, muy casquilleras las zumbambicas, en el campo en Enna, cuando Hades apareció, emergiendo de una grieta del suelo, seducido por la fragancia del champú de esencias florales que usaba la susodicha. Las ninfas fueron transformadas en las Siremas por hacerse las desentendidas. La vida quedó paralizada mientras la desolada Demeter (diosa de la Tierra), hermana mayor y esposa de Zeus, buscaba por cielo y tierra a su hija perdida sin hallar ni prenda. Helios, el sol, que todo lo ve y que resultó más mirón y chismoso que el propio Hesiodo, terminó por contarle lo que había pasado, a cambio de una cuantiosa liga. Al enterarse del secuestro de Perséfone, Zeus no pudo aguantar más la agonía de la Tierra, su mujer por ese entonces, y obligó a Hades a devolver a Perséfone, enviando a Hermes para rescatarla. La única condición que Hades puso para liberar a Perséfone fue que no probase bocado en todo el trayecto, pero Hades la engañó para que comiese seis (o cuatro, según fidedignas fuentes de los meteorólogos) semillas de granada, que la obligaban a volver cada año un mes por cada semilla. Desde entonces Hades instauró lo que se conoce como visita conyugal. En algunas versiones, Ascáfalo contaba a los demás dioses que Perséfone se había comido voluntariamente las semillas de granada, ya que se rumora que así fuera feo, sucio y de bajo mundo, Hades estaba bien dotado y tenía lo suyo, juguetón y antojador.
Cuando Deméter y su hija estaban juntas, la tierra florecía de vegetación. Pero cuando Perséfone volvía a los mismísimos infiernos, la tierra se convertía de nuevo en un erial estéril o como quien dice más popularmente en un peladero. Fue durante su viaje para rescatar a Perséfone del inframundo cuando Deméter reveló los misterios elusinos. Como Deméter era la diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad, descuidó sus deberes mientras buscaba a su hija, por lo que la tierra se heló y la gente pasó hambre en el primer invierno. Durante este tiempo Deméter enseñó los secretos de la agricultura a Tríloptemo. Finalmente, Deméter se reunió con su hija y la tierra volvió a la vida: la primera primavera. Desafortunadamente, Perséfone por mucho peleó y pataleó, no podía permanecer indefinidamente en la tierra de los vivos, pues había comido unas pocas semillas de una granada que Hades le había dado, y aquellos que prueban la comida de los muertos ya no pueden regresar; como quien dice que se acostumbró a la mortadela, y luego el jamón serrano le supo maluco. Entonces se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecía con Hades durante un tercio del año (el invierno, puesto que los griegos sólo tenían tres estaciones, omitiendo el otoño) y como buena madre moderna, liberada y cómoda pasaba en la casa de la suegra del marido los restantes ocho meses.
Pero en una versión más antigua la temible diosa Perséfone, como buena mujer no dudó en tomar posesión de ama y dueña del hogar y se declaró la propia Reina del Inframundo. Como era tan mandona y cantaletosa, Hades la mandaba donde la mamá un larga temporada al año, para darse un descansito.
Este mito puede ser interpretado también como una alegoría de los rituales matrimoniales de los antiguos griegos, por aquello de que un tipo cualquiera medio caliente, un aparecido, venido de las mismísimas entrañas de las tierra, huele una hembra en celo, más bien esquiva y malgeniada ella, y le cae con malas intenciones. En ausencia de su padre y un descuido de la mamá se la roba de las amigas que le acolitan la fuga, se la lleva para el oscurito donde nadie los encuentre, y ella ni corta ni perezosa, sin el recato y el amague de los primeros lances, termina es poniendo las condiciones, las reglas de la relación y le sale al paso obligando al  tipo a que contraiga nupcias para formalizar aquella relación. Al tiempo lo involucra chantajeándolo con que si no hace lo que ella quiere le corta los servicios, “deja de probar la dulce miel de sus encantos y atributos”, y se obstina en organizar a aquel consorte que promete pero necesita ciertos arreglos y la mano dura de una mujer que lo haga sentar cabeza. Quizás por eso lo griegos sentían que el matrimonio era una especie de rapto de la novia de su familia por parte del novio, y este mito puede haber explicado los orígenes del ritual del matrimonio. La más popular explicación etiológica de las estaciones puede haber sido una interpretación posterior. Y si se piensa bien, las etapas de una relación tiene la misma evolución climática: El noviazgo es una primavera eterna, un verano candoroso, que con el matrimonio se va volviendo un frío y desojado otoño, y que por lo regular termina en el más cruento yermo donde se padecer un desolado invierno.
Casada, lidiando aquel duro matrimonio con Hades, ya sin sentimientos casi, Perséfone, empoderada como reina del Hades, sólo mostró clemencia una vez. Debido a que la música de Orfeo era tan arrebatadoramente triste, permitió que éste se llevase a su esposa, Eurídice, de vuelta al mundo de los vivos pero como buena mujer le puso un cascarita, una situación capciosa: la condición de que ella caminase tras él y que él nunca intentase mirarla a la cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió pero falló, al mirar atrás casi al final del viaje para asegurarse de que su esposa le seguía, y perdió a Eurídice para siempre.
Perséfone también figura en la historia de Adonis, el consorte sirio de Afrodita. Cuando Adonis nació, Afrodita lo tomó bajo su protección y fue hechizada por su belleza sobrenatural. Afrodita se lo dio a Perséfone a que lo cuidara y lo escondiera en el oscurito, para evitar que cualquier igualada aparecida se lo robara y le pusieran cachos, pero Perséfone también quedó asombrada por su belleza y rehusó devolvérselo. La gresca entre las dos diosas fue dirimida por Zeus  quien decidió que Adonis pasase cuatro meses con Afrodita, cuatro con Perséfone y los cuatro restantes del año solo de vacaciones levantando muchachos, que era el gusto verdaderamente propio de este apetecido metrosexual.
Pero hablando de infidelidades, de cachos furtivos, Hades también tuvo lo suyo. Aprovechó que Perséfone se encontraba pernoctando donde la suegra y persiguió a una ninfa llamada Mente. Hasta que  Perséfone lo pilló infraganti y la convirtió en una planta de menta “para que chupe”. Perséfone además era el objeto del cariño de Piritoo. Su amigo Teseo y él prometieron casarse con sendas hijas de Zeus, más buenas que un sundae de salsa de chocolate. Teseo escogió a Helena, la más codiciada por rica. La secuestró con la ayuda de Pirítoo y decidió retenerla hasta que tuviese la edad de casarse. Dejaron a Helena con la madre de Teseo, Etra y viajaron al inframundo, reino de Perséfone y de su marido Hades, quien fingió ofrecerles hospitalidad y preparó un banquete. Tan pronto como la pareja se sentó, las serpientes se enroscaron en torno a sus pies, atrapándolos. Teseo fue finalmente rescatado por Hércules, quien de paso le cascó al perrito de la casa al pobre Hades, que solo tuvo para con ellos la hospitalidad que se le brinda al esconder a un prófugo...
 
Continuará... si os apetece más....comentá no más y se os dará...











jueves, 15 de marzo de 2012

Cuando a uno le da impresión


(un fragmento real)

-¿Algún problema señor agente?- Imagínate en estas, metido en tu carro, acabado de parar en un retén relámpago del Transito a medianoche. Justo por el sector desolado donde te sueles escabullir de la autoridad, a pocas cuadras de tu casa, a punto de coronar.  
- Los papeles del carro por favor.- Imagínate ahora al guarda de tránsito como te apetezca, pero imagínatelo pidiendo los papeles con displicencia, como quiera que te imagines esa sensación, pero con displicencia. Si no sabes lo que significa displicencia, consulta en el diccionario, o invéntatelo pero con displicencia ante todo.
-  ¿Pasa algo señor agente? Los papeles están al día… - le preguntas y le explicás al tiempo.
El agente se aleja de la ventanilla, haciendo caso omiso a tu frase. Mientras da unos pasos lentos en círculo, le murmura algo al radioteléfono y espera. Inclinando el cuello, acerca su oído al parlante del aparato. Sólo se escucha como respuesta unos mensajes nasales inentendibles, con mucho ruido en la transmisión. El agente voltea y da la espalda un eterno minuto. Y luego regresa decidido y con una expresión torva, levemente dibujada.
-¿Hay algún problema señor agente? Lo papeles están al día…- Le explicas otra vez, como rindiendo cuentas, haciendo énfasis en tu inocencia de lo que sea que conspire contra ti o de lo que sea que te estén acusando, como tratando de justificar una culpa.
- Pues los papeles sí, pero el carro no.
-¿Cómo así?, le preguntas por acto reflejo, pero sabes que la cosa no pinta bien.
- Mire, le voy a contar un historia- dice, y esta vez imagínate al agente con malicia- resulta que por este sector ronda un conductor, manejando lo que nosotros llamamos carro fantasma. ¿Qué es un carro fantasma, se preguntará ud? Y yo le respondo: Es uno de esos vehículos automotores que ya tienen sus añitos, pero viejitos y todo llevan su tiempo ruleteando y no paran, siguen dando vueltas por ahí, pasa de dueño en dueño, y de tanto venderlo, se pierde de nuestra central de información… 
- Si, -dirás- ¿Muy bueno todo eso, pero que tiene que ver conmigo?- Preguntarás algo molesto, pero contenido para no torear el hormiguero…
Y sin embargo, sin determinarte siquiera, el agente continúa…
-Resulta además que esta situación lleva por lo regular a estos autos fantasmas a que se tomen confianza. Se exceden en cometer infracciones al código de tránsito… Por ejemplo, aquí en el sector hay un carro que tiene como 68 fotomultas acumuladas por todo lo que se pueda imaginar… Desde pasarse semáforos en rojo a diestra y siniestra, pasando por contravías, hasta exceso de velocidad.
- ¿Terrible?- dirás fingiendo comprensión, tratando de lograr cierta complicidad, siguiéndole el juego para que te tire pasito si encontró algo anómalo contigo, si se enamoró de tí, si está pidiendo su serruchazo, o si, simplente, te la quiere montar...
- ¡Terribilísimo!- dice entonces el señor agente…- Pero lo más grave no es eso, lo más grave es por mucho que hemos tratado de rastrearlo con nuestras cámaras, cuando éstas lo ponchan, ya está cometiendo una nueva infracción para el ampliar el fajo de multas y se desvanece… hemos tratado de buscarlo por todos los rincones; no sabe los ingentes esfuerzos que hemos hecho para dar con el paradero de este moroso conductor y su auto fantasma, pero son realmente ingentes…
- ¿Sí y cómo lo cogieron?- preguntas interesado.
- Pues de la manera más boba del mundo… verá usted, el tipo simplemente cogió la derecha de la vía, de puro aventajado para tratar de adelantarse en un taco, y se encarriló solito al retén…
- Como quien dice que se metió en la boca del lobo.- le dices.
- Así mismo, entonces yo simplemente le pedí los papeles para verificar antecedentes por rutina... es más, estuve a punto de dejarlo pasar al ver ese carrito tan destartalado, pero más me pudo la costumbre que la compasión y llamé a la central por no dejar...  entonces me salen con qué, precisamente, este era el famoso carro fantasma que ya habíamos tratado de rastrear día y noche; el mismo al que le mandamos talonarios completos de fotomultas a direcciones equivocadas y nos aparece así: de papayita, sin mover un dedo. Cuando ya ni lo buscábamos, nos cayó servido en bandeja de plata... 
- ¡Ni el más de malas!    
- Eso digo yo, ni el más de malas. Así que le pido caballero, que se baje del carro, y váyase derechito, donde la compañera del fondo, que ella le va a entregar del prontuario de multas acumuladas, mientras yo le diligencio la respectiva retención de su vehículo.
 - Pero cómo así, yo no…- dices confundido, chapaleando, como cuando a uno le da impresión.
- ¿Su carro es TKE 763? Daewood cielo violeta, ex taxi, modelo 96.
- ¡Si!... Pues no hay más que de decir, me colabora tan amable y se dirige hacia la compañera del fondo que ella le va a iniciar el respectivo proceso… por favor colabore, caballero… Y muchas gracias, siquiera apareció porque ya me estaba creyendo que el carro si era fantasma de verdad… Con decirle, que para nosotros usted, aunque no lo conocíamos, ya era toda una celebridad... ¿Sabe qué mejor?
- ¿Qué, me va a dejar ir o qué?- dirás al advertir su simpatía- colabóreme que yo le colaboro- replicas, rozando la yema de los dedos en señal de que podrás ligarlo.
-¿Sabe qué?… voy a omitir sus insinuaciones, y no le voy a hacer esta infracción por intento de  soborno, pero sólo si se toma una foto conmigo…
- ¿Cómo que una foto?... ¿Otra fotomulta?…
- No ninguna fotmulta, una para el recuerdo… es que casos como usted no se encuentran todos los días. Tanta inconsciencia, tanto comparendo represado, yo todavía no entiendo cómo es que le dan el pase a gente como usted… Por eso venga hombre, relájese y échese a la pena que ya no hay nada que hacer… (Llamando a otro azulejo guarda de tránsito) Correa, Correa, vení y tomame una foto con este man… (Te enceguece el relámpago del flash de la cámara,  sientes la opresión en el hombro con el abrazo del agente) y luego…
-¿Adivinen quién es?- le pregunta el agente que te sostiene fuerte con un abrazo, al agente Correa que hace el fotoestudio.
- ¿Quien, yo a este no lo distingo, no tiene cara de salir en televisión?
- No sale en televisión pero es nada más y nada menos que el famosísimo conductor del carro fantasma de Belén.
- No puede ser…
- Pues es… Ya lo verifiqué con la central.
Entonces el agente Correa le pide a otro agente que les tomé una foto a los tres juntos. Vos en la mitad, por supuesto. Después los demás se acercan lentamente, todos vestidos de azul, intrigados por saber cuál es el rostro del conductor fantasma, por despejar esa incógnita por fin, que los tuvo en vilo y especulando mientras se represaban las fotomultas y se devolvían de domicilios equivocados. Todos piden que poses como una celebridad fotomultada para sus fotos, y te encienden a flashazos, con la misma cámarita digital que usan como evidencia de las infracciones y apoyan el levantamiento de sus croquis.  
De repente, el retén toma un ambiente festivo, relajado. Los carros que vienen avanzando en operación tortuga, aprovechan el descuido de los agentes para esfumarse silenciosa y rapazmente en otros carriles; deslizándose como luces en la noche. Con todos te tomas fotos, menos con ella. La agente de tránsito que te "a-guarda" para recordarte todos aquellos deslices y pecadillos que cometiste a hurtadillas, acolitado por las sombras de la noche y justificado por el afán, la premura, la adrenalina, la sensación de vértigo, el cansancio, el estrés y demás pretextos que surgen cuando te vuelas un semáforo en rojo, te atraviesas en una cebra, te robas una calle en contravía o te dejas llevar por la excitación que da hundir el acelerador a mil. Y todo marcha bien, pero allí están ellas, las cámaras, justo registrándote en el momento y en lugar en que piensas que nadie te está observando. Y te ponchan, justo en el instante en que como cualquier fulano no estás pensando en nada, no estás poniendo atención ni cuidado y por eso mismo estás rompiendo la ley.